Eres como eres. Melania G. Mazzucco. Anagrama

(228 páginas. 17,90€. Año de edición: 2016)
Si hablara de Mazzucco como una de las mejores escritoras italianas estaría poniendo paredes al campo, como se dice. Esa reducción limitaría demasiado su alcance y dificultaría a muchos lectores poder conocer una escritora como la copa de un pino (y siento las comparaciones y metáforas iniciales), una escritora indispensable y fundamental, una de mis favoritas, una de las voces más poderosas de este recién iniciado siglo XXI.

Después de varias novelas suyas, podríamos diferenciar dos categorías en su producción: novelas contemporáneas, como esta en cuestión, Un día perfecto (que me gustaría releer para mejorar mi reseña) o Limbo; y la otra vertiente serían las novelas con ambientación histórica (Vita, Ella, tan amada, La larga espera del ángel). Quizá la distinción sea meramente decorativa, porque la nota común es un empleo del lenguaje como pocos, una tendencia literaria como en pocos autores ves, una profundidad y una riqueza en los personajes y unas tramas que encierran mucho más que ideas progresistas. Diría yo que son ideas humanistas, un canon que debería imponerse en vez del que algunos histriones propagan desde sus púlpitos políticos.

Siguiendo con las comparaciones, con respecto a otras novelas suyas (y hablo de las contemporáneas, claro), volvemos a tener a un personaje femenino poderoso, Eva Gagliardi, aunque tenga once años; volvemos a jugar con la linealidad del relato, que no transcurre en línea recta sin más; volvemos a dejarnos llevar por un narrador omnisciente que elude la presencia de las rayas de los diálogos integrándolos en el curso de los párrafos;  volvemos a encontrarnos con un léxico exigente; y quizá la diferencia más notoria es que se adelgazan las páginas, con solo 8 capítulos y poco más de 200 páginas. Seré yo que disfruto tanto con esta autora, pero se me ha hecho demasiado corto este trayecto.

La historia narrada es triste en realidad. Y no porque empiece, tras una especie de prólogo en primera persona de mano de la mismísima Eva, Año Cero, por el suceso del metro en el que ella acaba arrojando a las vías a un compañero que la estaba acosando, sino porque esta niña no puede vivir con uno de sus padres, a quien buscará después de lo ocurrido, algo que en realidad era uno de sus planes. El periplo de Eva la lleva de Milán a Roma, para allí coger un autocar hacia la pequeña localidad de Visso, por donde vive Giose Autunno.


¿Y por qué no puede vivir con su padre? Pues por culpa de las leyes italianas, que no contempla a las parejas homosexuales ni eventualidades como que uno de los cónyuges fallezca (precisamente el que le da el apellido), de modo que el otro padre se quede indefenso para reclamar su custodia. Más triste que la historia, sin embargo, es que en la realidad se haya prohibido este libro en escuelas y bibliotecas por tratar de manera directa esta posibilidad de que exista una familia homosexual, como si el adjetivo desvirtuara lo principal, ese sustantivo que conforma un entorno protegido para el niño.


La grandeza de la manera de escribir de Mazzucco es que los personajes cobran vida a través de las páginas. Su manera de presentárnoslos y describírnoslos es apabullante, y los datos ofrecidos, las acciones realizadas, todo lo que acontece en relación a ellos conduce a la dirección de que no hay otro remedio que creértelos, creerlos como verdaderos más allá del universo de la ficción. Eva es una niña prodigio valiente, terca, decidida, resuelta, madura y a la vez infantil, con ganas de aprender aunque al mismo tiempo incapaz de descifrar del todo los códigos de los adultos, los cuales a su vez no entienden que su decisión de ser escritora y escribir sobre aspectos exóticos o fantásticos no son sino la manera de gritar al mundo que quiere escapar de esa realidad en la que parece que su padre no quiera vivir con ella.


Si después de leer esta novela y estar atento a cómo Giose sacrifica todo con tal de ser un buen padre para Eva, y ves cómo se desvive por ella, cómo la quiere, la cuida, la mima y la protege, y no sufres cuando la justicia comete la injusticia de separarlos por tres años, y además eres de los que claman contra este libro y su peligrosidad porque al sustantivo familia no se le puede añadir adjetivos que no sean los preestablecidos por la (su) norma, lo siento, pero esta clase de personas son las que causan tanto daño en el mundo. 

Giose, mientras tanto, es otro personaje poderoso: ex cantante que se hacía llamar Yuma, es un hombre imponente, alto, fornido, con una voz magnética, impulsivo, pasional, con tendencias autodestructivas, reniega de sus orígenes y luchó para escapar de ellos por medio de la música, de cuyo mundo sin embargo acaba renegando al hacerle vulnerable, inseguro y viejo. Tiene 50 años cuando nace Eva, y además de su hija, hay otro momento que marca su vida: conocer a Christian Gagliardi, el otro padre.


No tiene nada que ver con Giose. Pequeño, menudo, intelectual, trabaja en la facultad, viene de una familia acomodada para su vergüenza, estudioso de Cristo, las escrituras y personajes históricos como Dyonisius Exiguus, el monje que determinó en la Edad Media el calendario occidental aunque sin tener en cuenta el año cero, convive de manera muy natural con su naturaleza homosexual y la visión eclesiástica. Desde el primer momento las diferencias con Giose se conjugan porque se compenetran y se entienden y se complementan, pese a no tener nada que ver. Y aunque tienen sus peleas y en una de sus crisis están a punto de dejarlo, en el Museo de Bellas Artes de Budapest (en uno de los momentos más bellos del libro), tienen una especie de epifanía al ver un cuadro de Francisco de Herrera el Viejo, San José con el Niño Jesús.


Uno de los méritos de Mazzucco es cómo integra la documentación que se procura en sus textos. Lees sobre cómo los pintores españoles, al contrario de los italianos, tratan el tema de la paternidad, y te dan ganas de conocer la obra de Herrera, como ganas te dan de saber más de ese personaje tan interesante del que habla Eva y que estudió Christian. Las reflexiones metafísicas sobre la medición del tiempo dan relieve a la obra y hace que trascienda la trama a una categoría superior.


Eso sin contar las veces que has de detenerte por frases o reflexiones:

Soy de los que consideran la cultura la única riqueza que es posible llegar a poseer en esta tierra (p.11)a mí me gusta imaginarme que vivo no aqu y ahora, en una fracción exigua y miserable del tiempo, sino en el año más literario de todos. El año cero, el que no existe y nunca existió (...). Y es en ese año en el que nadie vivió nunca donde yo quiero vivir, donde viven los personajes de las novelas que he leído y que voy a escribir (...). Los que nacen pero no envejecen, los que son para siempre porque nunca fueron (p.14) Con el paso de los años, sin embargo, Giose se dio cuenta de que adaptarse a la realidad no le costaba tanto esfuerzo. Tal vez madurar significaba eso. O, simplemente, vivir. De manera que empezó a prohibirse desear lo que sabía que no podría tener (p. 126). El año cero, le explicó Christian, triunfante, se olvidaron de él. Ese error no podrá ser corregido, y hace que nuestra historia -el tiempo en el que vivimos, en definitiva- sea una arbitrariedad, una hipótesis. Una fantasía. Vivimos en una realidad imaginaria. Y, pese a todo, el año cero existe. No aquí, en alguna parte. No sé si me entiendes, pero me gustaría vivir en ese momento (...) los dos iban a encontrarlo; viviría con Christian y con su futuro hijo en ese año, hecho de horas desiguales (p.179, 180)La felicidad es un derecho, dijo Giose (p. 194)

Por si fuera poco, la hilazón entre presente y pasado o entre la trama de Eva y la situación desesperada de Giose no puede ser más óptima. Pasamos de hablar de los protagonistas a la familia de Christian: la estirada y estricta madre, Margherita, el intransigente hermano Michele, casado con la poco imaginativa y empática Sabrina, que serán quienes acojan a Eva; o a Aurelia, ex mujer de Christian antes de que este saliese del armario, y con quien no deja de tener una estrecha relación, al igual que con la niña una vez se produzca el accidente de coche y la separación con su otro padre; o el propio Loris Fonte, el niño con gafas que atosiga a Eva en el metro, en medio de una excursión escolar, y que encubre su amor metiéndose con su compañera de pupitre, atosigada (por decirlo suavemente) por sus "dudosos" orígenes por los otros niños del colegio.

Con todos estos vaivenes, se hace corto el viaje de vuelta de Giose y Eva pasando por la casa de la madre de Giose o la visita en Roma a Aurelia, volviendo a la concepción de la niña, ese  complejo proceso de fecundación in vitro realizado en Ereván, Armenia, y que fructifica con Maryam, que aparece poco pero resulta interesante, como interesantes son las reflexiones asociadas al tema de los vientres de alquiler (página 194).


Cuando se produce el reencuentro en el hospital entre Eva y Loris te quedas con ganas de más, y lamentas que no haya una especie de epílogo al menos diciéndonos que la madre de Loris, abogada y defensora de los derechos de la mujer, no tome el caso de Giose y lo ayude para que vuelva la custodia a él, e incluso que veamos si la timidez del niño y la altivez de Eva al menos da pie a que prosiga su amistad, interrumpida primero con la traición de Loris y luego con la extemporánea y exagerada reacción suya en el metro. Pero esa novela ya sólo existe en la mente del lector.



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