Danza de dragones. George R.R. Martin. Gigamesh

(1152 páginas. 30,40€. Año de edición: 2015)
Es difícil realizar una reseña de este libro porque confluyen muy diversos factores que exceden a los puramente literarios: estamos ante una saga, ya en un punto bastante avanzado de la trama, y queremos que nos vayan satisfaciendo las inquietudes propias de cara a la finalización de lo narrado. Al mismo tiempo, se nos mezcla de manera inconsciente lo que hemos visto en la serie, y tiendes a compararlo o a confundirlo. Vaya, contaminaciones externas que en este caso se magnifican hasta el extremo.

En puridad, este quinto tomo, con respecto a los otros cuatro, se mantiene más o menos al nivel del cuarto; es decir, un peldaño por debajo de los tres maravillosos primeros. Esta consideración viene influida, ya digo, por la necesidad de avanzar en la historia, algo que no ocurre con la fluidez necesaria. Es frustrante y crea ansiedad cuando algún pasaje se centra en aspectos secundarios, los cuales abundan más de lo que gustaría. Paja, vaya.

Eso no quita para reconocer que esté muy bien escrito (pese a la traducción, que se ha comido con patatas todos los interrogativos indirectos, los cuales no han sido acentuados) y que no deje de ser admirable la manera de construir este universo autónomo tan fecundo. Poniente ya ha pasado a ser uno de los continentes imaginarios más importantes de la historia de la literatura. Palabras mayores.

Las más de 1000 páginas se leen con facilidad, como ocurre con toda la saga. La multiplicidad de puntos de vista (POV) aborda todos los rincones (o casi todos) y el dinamismo es una constante, por más que a menudo te des cuenta de que en realidad no te han contado nada y que se abordan aspectos de la personalidad de algún personaje secundario (o terciario) de manera bastante insufrible.

Otro aspecto que hay que comentar es su vinculación al tomo cuatro. Hasta  bien avanzado el libro, la cronología de ambos se alterna, y no transcurre el tiempo con respecto a lo leído en Festín de cuervos. Algunos personajes no aparecen en todo el libro (Sansa) y otros no lo hacen hasta el final (Jaime, Arya). Asimismo, vuelven a retomarse en el último tercio las tramas de Dorne o Islas del Hierro (satélites que no consiguen imprimir la fuerza necesaria como para que no deseemos quitárnoslo y volver a lo principal) y lo que ocurre en Desembarco queda relegado en relación a las historias de Meereen con Daenerys (fuego) y del Muro con Jon (hielo). Jon y Daenerys, pues, serían los protagonistas principales de este coral (como siempre) libro, que tiene a Tyrion, Theon y a Davos a otros personajes destacados.

En lo referente a esa inevitable comparación con la serie, queda claro que las diferencias son notables: está claro que los libros muestran mayor complejidad, algo lógico dado que prima lo audiovisual. La serie aglutina varios personajes en uno o reduce las intrigas familiares (reduciendo el número de hermanos). 


Con respecto al fuego de Daenerys, los cambios son mayores: Tyrion aún no ha llegado a encontrarse con la Madre de Dragones, y eso que ya ha sucedido el ataque en los reñideros y la "huida" de Khaaleesi a lomos del indómito Drogon. Además, con respecto a ella, aparecen dos personajes desaparecidos de la versión de HBO: Quentin, hijo mayor de Doran Martell, que busca un matrimonio-alianza con la última Targaryen (o, cuanto menos, busca hacerse con sus dragones); y la mayor sorpresa: Aegon, el hijo de Rhaegar y Elia, no es el niño que asesinó la Montaña, gracias a un ardid de Varys y de Illyria Mopatis. Bajo el falso nombre de Griff el Joven, ha sido criado para gobernar, y muestra una erudición envidiable. Está acompañado por Jon Connington, amigo íntimo de Rhaegar y Señor del Nido del Grifo. Otro que la busca es Victarion, hermano de Euron, para casarse con ella.


En la trama que corresponde al Hielo con Jon, encontramos cambios significativos, como por ejemplo que no llega a suceder el ataque de los Caminantes Blancos en Casa Austera, en el que Jon se enfrenta a ellos y ve su temible poder. Al menos no antes de su asesinato a manos de sus hermanos conjurados. De las pocas cosas que quedan menos claras en el libro, tenemos ese malestar de los Hermanos Negros respecto a las (acertadas) decisiones de Jon para proteger al pueblo Salvaje / Libre de los Caminantes. Como Alliser Thorne es alejado del Castillo Negro y el niño traidor que traiciona a Jon ni existe, esa conjura queda bastante diluida. Se erige Edd el Penas como uno de los mejores personajes creados por George R.R. Martin, al menos en cuanto a descarga humorística.


Es interesante ver el otro lado de la decisión de sacar a Sam y a Gilly, tan polémica en Festín de Cuervos. Jon no tenía más remedio si quería salvar el hijo de Mance Ryder, que iba a ser pasto de los fuegos de Melisandre. Respecto a ella 
(que se muestra torpe hasta el infinito al no saber interpretar en las llamas lo que tiene que ver con R'hllor), nos ofrece uno de los momentos más impactantes, puesto que ha realizado un encantamiento para intercambiar las identidades de Mance Ryder y Casaca de Matraca, algo fundamental para la trama que vincula a Ramsay Bolton, Theon y Jayne Poole, la falsa Arya (que es la que se casa con él y no Sansa).

Lo que se nos mostraba con toda crudeza con respecto a Theon en la serie, aquí se nos cuenta como algo que ha pasado y de manera menos evidente (por ejemplo tan solo se alude a su castración). Ha perdido dientes, le ha desollado la piel y ha perdido dedos de las manos y de los pies, y su sumisión al sádico de Ramsey es total, aunque no de manera tan total, quizá porque en el libro vemos sus pensamientos y ese rescoldo de lucha y de orgullo que le queda del príncipe Greyjoy no se ha diluido del todo. 


Un ejemplo más de que el libro te deja con la miel en los labios es Bran. Por fin llega hasta el Cuervo de Tres Ojos. Sin la espectacularidad que nos ofrecía la serie en el enfrentamiento entre Caminantes y los Niños del Bosque, llegan a su cueva, protegida por hechizos. Se nos revela la identidad de ese ser que casi está fusionado con las raíces de un arciano: Brynden Ríos, hijo bastardo del rey Aegon IV. Además de bastardo era hechicero, todo ello por sus poderes de verdevidente, que quiere traspasarle a Bran. Le inicia en las artes que debe controlar y para ello le aconseja abrazar la oscuridad. Entre eso y la referencia a que los cuervos son traicioneros, queda la duda de si las intenciones de este misterioso personaje son buenas, y si va a llevar al pequeño Stark por una senda peligrosa.

En fin: enorme complejidad la del libro, materializada en 73 episodios y perspectivas de 18 personajes, cuyo prólogo protagoniza Varamyr, apodado Seispieles, un salvaje cambiapieles (un aspecto en el que apenas se incide en la serie: aquí no hay duda de que todos los Stark, salvo Sansa, creo, lo son), y cuyo epílogo corre a cargo del pusilánime Kevan

Con todo, lo mejor de este libro es lo poco que queda para el sexto tomo: Vientos de invierno, que no debería tardar más del 2018 en publicarse, ojalá que ya simultáneamente en varios idiomas.

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