Sputnik, mi amor. Haruki Murakami. Tusquets

(256 páginas. 7,95€. Año de edición: 2008)
Leer a Murakami es adentrarte en un ritmo y un estilo que poco tiene que ver con otros autores. El intimismo de sus aparentemente descarnadas páginas, casi siempre compuestas por frases breves y abundantes puntos, puede resultar chocante en un primer momento, cuando las descripciones iniciales se imponen al avance narrativo. Tanto en Tokio Blues como en esta novela, lo primordial es habituarse a un narrador en 1ª persona que te impone su punto de vista, al tiempo que te desgrana lo fundamental de la historia. De hecho, la frase inicial contiene un resumen de lo que leeremos: "A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez". En ese primer párrafo, tan poético como los dos textos que leeremos de la propia Sumire más adelante, se concluye así: "La persona de quien Sumire se enamoró era diecisiete años mayor que ella, estaba casada. Y debo añadir que era una mujer. Aquí empezó todo y aquí acabó (casi) todo".

Dividida en 16 episodios, ese narrador del que no sabemos el nombre (solo su inicial, "K", o eso he leído por ahí) casi siempre se encuentra en un segundo plano. Sin ir más lejos, en ese primer episodio (que hay que releer después del desconcertante final para tratar de unir piezas que parecen haber quedado desencajadas), tras varios párrafos (estos del inicio organizados en secuencias breves) describiéndonos a Sumire y el encuentro con Myû, la mujer casada de la que se enamora, añade casi por casualidad lo siguiente: "Habría sido mejor que lo hubiese advertido de buen principio, claro está, y es que yo estaba enamorado de Sumire". Como quien no quiere la cosa... Luego nos explica la confusión en la primera conversación entre ambas mujeres, que dio pie al calificativo cariñoso con el que Sumire se refiriría a Myû (sputnik en vez de generación beatnik, aunque el título hace referencia al doble sentido que adquiere ese satélite, como se verá en las páginas finales).

La obra en un principio descansa en torno a esos tres ejes que orbitan casi en paralelo, muy cerca, pero incapaces de tocarse: Sumire en medio de Myû y K. Triángulo fatal: uno ama a Sumire, pero esta ama a Myû, que a su vez es incapaz de amar a nadie, aunque parezca lo contrario. Los otros personajes son tan secundarios que sólo cumplen la función de dar relieve al mundo de estos tres caracteres tan reservados y solitarios: el guapísimo padre de Sumire, la irrelevante familia de K (por la que no siente ningún apego), el marido de Myû, una de las amantes del narrador, la madre de uno de sus alumnos (K es profesor de Primaria). Lo que importan son ellos tres y nada más que ellos tres. Su inmensa soledad:
¿Por qué tenemos que quedarnos tan solos? (...) Hay tantísimas personas en este mundo que esperan, todas y cada una de ellas, algo de los demás, y que, no obstante, se aíslan tanto las unas de las otras. ¿Para qué? ¿Se nutre acaso el planeta de la soledad de los seres humanos para seguir rotando? (...) Cerré los ojos, agucé el oído y pensé en los descendientes del Sputnik que cruzaban el firmamento teniendo como único vínculo la gravedad de la tierra. Unos solitarios pedazos de metal en la negrura del espacio infinito que de repente se encontraban, se cruzaban y se separaban para siempre. (Página 210)
La casi extravagante amistad de Sumire y K queda reflejada en unos magistrales diálogos que denotan el genio de Murakami, pues consigue hacernos llegar un relieve casi tangible de quiénes son estos dos personajes: personas no muy sociables, con inquietudes no muy comunes, encerradas en sí mismos, aislados por el peso de las lecturas (y la música, en caso de Sumire) y, por tanto, de la imaginación. Pero si pueden parecer raros, la llegada de Myû lo complica todo aún más. El ejercicio de contención sentimental de K a la hora de exponer el enamoramiento de su amada llama bastante la atención.

El moroso ritmo del primer tercio de la novela se ve alterado en el capítulo 6. Sumire le comunica por carta a K que está en Roma por cuestiones de trabajo de su jefa (Myû la había contratado casi de inmediato). Venecia, Milán, París son otras de sus escalas. La voluntad creadora de Sumire ha quedado relegada en favor de mejorar para Myû: mejora su vestuario, su capacidad de organizarse para llevar los asuntos que se le encargan, su manejo en el procesador de textos, su italiano... Y salvo por lo que le escribe a nuestro narrador, ese propósito de crear una novela total pierde fuerza, aspecto que podría resultar clave para entender la novela.

Porque en el capítulo siguiente la trama se torna bastante compleja. Myû llama a K y le dice que cree que ella le necesita. Por eso parte de Japón a Rodas, la isla griega donde las dos mujeres habían recalado de manera temporal para descansar, invitadas por un caballero inglés que simpatiza con Sumire. Hace cuatro días que Sumire ha desaparecido. Como el humo. Como el gato que tuvo ella de pequeña. Y Myû le cuenta a K los días previos a la desaparición hasta llegar a la noche en la que acabaron juntas en la cama, aunque sin poder consumar el sexo porque para la mujer casada le resulta imposible. A la mañana siguiente, ya no estaba, a pesar de que no se había llevado ni siquiera su ropa. Llegan los dos documentos de Sumire que K encuentra en un disquete. En el primero ("Cuando te disparan, sangras") aparecen reflexiones "made in" Sumire, sobre todo en torno a por qué escribía tanto o por qué había dejado de escribir al conocer a Myû, coronadas por un sueño  (escrito en 3ª persona) en el que está a punto de alcanzar a su madre (muerta cuando ella tenía tres años). Releyéndolo, vuelven las referencias metafóricas a la sangre ("Debe correr la sangre. Debo afilar mi cuchillo y degollar un perro en alguna parte") y varias interpelaciones a sí misma: "¿Verdad que sí? Pues sí".

En el segundo, nos narra la experiencia que marcó a Myû catorce años atrás, un secreto que había guardado y que explica el origen de su cabello nevado, un suceso extraño ocurrido en la noria de una pequeña ciudad suiza, desde la que contempló su propia habitación y cómo ella se había como escindido y a la vez que estaba allí arriba atrapada, su otro yo realizaba todo tipo de depravaciones sexuales con un español llamado Fernando ("Pero Fernando, al fin y al cabo, no es más que una parte de la sombra"..., ay, los Fernandos...). 
"Yo me quedé en este lado. Pero mi otro yo, o quizá tendría que decir mi otra mitad, se fue a la orilla opuesta. Llevándose mi pelo negro, mi deseo sexual, mi menstruación, mi ovulación y, tal vez, mis ganas de vivir (...). Pero ¿sabes?, no es que me despojaran de algo. Porque ese algo aún debe de existir en la otra orilla. Lo sé. Sólo que un espejo se interpone entre nosotras".
El caso es que no la encuentran. ¿Cuál es la hipótesis de K sobre lo sucedido con Sumire?:
"Sumire se ha ido al otro lado. Eso explicaría muchas cosas. Sumire ha atravesado el espejo, ha pasado al otro lado. Quizá haya ido a reunirse con la Myû del otro lado". "Entonces, ¿qué debe hacer una persona para evitar el choque? Si se aborda la cuestión con lógica, es sencillo. Lo que debe hacer es soñar. Soñar y soñar. Entrar en el mundo de los sueños y no salir de él. Vivir allí eternamente"
Más elementos extraños: la noche en la que a K le despierta una melodía y sale de la casa a buscar de dónde proviene. Por el camino, "bajo la luz de la luna, me miré la palma de la mano. Entonces tuve la repentina impresión de que ya no era mi mano (...) mi cuerpo carecía de todo hálito de vida". Sin embargo, "me sumergí en el mar de mi conciencia", se esfuerza en regresar. Y cuando lo hace, la música ha cesado. "Aquella extraña sensación de disociación se había esfumado". Y K vuelve a Tokio, pese a la atracción que le produce Myû, y se da cuenta del vacío irreparable que ha dejado la marcha de Sumire ("De una manera que sólo ella conocía lograba mantenerme ligado a este mundo"). Y a continuación mi párrafo:
Por más sensata, serena y reflexiva que fuese la manera en que Sumire y yo salvaguardáramos nuestra sutil relación de amistad, ésta no podía continuar para siempre. No teníamos más que un callejón sin salida que alargábamos como podíamos. Y eso era evidente.Pero yo amaba a Sumire más que a nadie en este mundo, la necesitaba. Por más que este sentimiento no me condujera a ninguna parte, no podía dejarlo así como así. Era algo que escapaba a la comprensión.Además, soñaba con que se produjera un "gran cambio repentino". Por remota que fuera esa  posibilidad, yo tenía todo el derecho del mundo a soñar.
En el penúltimo episodio llega como una especie de paréntesis en el que K actúa de mediador con el Zanahoria, hijo de su "novia" (una mujer casada con la que se acuesta ocasionalmente), que ha hurtado algo en un comercio. Nakamura, el jefe de seguridad que le interpela, es de lo más desconcertante del libro, no dejas de pensar en si hay un sentido oculto detrás de todo esta escena. K se sincera con el niño cuando está a solas, le habla del perro que tuvo de pequeño y tira la llave del almacén que el niño había robado al río. Luego rompe con la madre y en el último episodio se suceden diversos párrafos separados en los que los sueños se van apoderando de K. Hasta que una noche (de luna: "flota una media luna de tonos enmohecidos") suena por fin el teléfono ("Sonó de verdad, ante mis ojos. Haciendo vibrar el aire del mundo real") y es Sumire anunciándole que ya está de vuelta y que le dice lo que siempre había esperado escuchar ("Que te necesito de verdad. Que tú eres una parte de mí, que yo soy una parte de ti").

Y llega ese final hermoso a la vez que enigmático. ¿Muere K como me han apuntado? ¿Se ha abierto las venas, o simplemente ha atravesado ese espejo, ha llegado a ese otro lado?: 
"Estamos mirando la misma luna del mismo mundo. Estamos ligados a la realidad por una sola línea. Seguro. Sólo tengo que ir tirando de ella en silencio.Luego extiendo los dedos y contemplo las palmas de las manos. Busco en ellas rastros de sangre. Pero no hay rastros de sangre. Ni el olor de la sangre, ni rigidez. Quizá se haya filtrado ya hacia algún lugar"
No creo que haya que buscar muertes, sino atenerse al componente fantástico. Dicho  componente mágico o metafórico de ese paso a la otra realidad ya estaba anunciado desde el primer episodio al hablarnos de la antigua China y de las puertas: 
"Degollaban unos cuantos perros vivos y regaban las puertas con su sangre caliente". "Escribir una novela es algo parecido (...). Una historia, en algún sentido, no es algo de este mundo. Una verdadera historia requiere un bautismo mágico que conecta este mundo con el otro" (página 22). "Le había hablado de aquellas puertas de China como metáfora del proceso a lo largo del cual un relato atrapa la magia" (capítulo 8). 
Pero voy más allá. Creo que K no existe, que es Sumire quien escribe esta novela, quien por fin encuentra esa puerta que da acceso a lo mágico, uniendo esos dos mundos, el real y el imaginado, justo por su punto de intersección: la escritura, la literatura. ¿Qué me hace pensar en ello? Justo antes de ese final antes reseñado, la pista: "Pero yo no tengo prisa. No hay por qué apresurarse. Estoy preparado. Puedo ir a cualquier parte". Y llega la interpelación "made in Sumire": "¿Verdad que sí? Sí". (Y siento la excesiva duración de la reseña y haber destripado tanto, pero tenía que hallar respuestas...)

Comentarios

meny72 ha dicho que…
Excelente reseña. Gracias por tomarte el tiempo para hacerla.
Juliiiii ha dicho que…
Muchas gracias a ti por leerla, meny72.
Unknown ha dicho que…
Muy buena! Gracias, ayudó a mi análisis e interpretación
Betiana ha dicho que…
Gracias por incluir tu óptica sobre el libro. Aunque me ayudó a entender mejor Sputnik, no comparto tu opinión sobre el desenlace. No obstante, te vuelvo a agradecer: completa y útil reseña.
Juliiiii ha dicho que…
Unkown, gracias por tu comentario y me alegro que te haya ayudado.
Betiana, lo mismo. Me gustaría conocer tu opinión sobre el final, que es lo bueno de la literatura, que cada uno tiene su propia visión ;)
Liliana Hernández ha dicho que…
Myu tenía manchas de sangre cuando la encontraron en la noria, K busca las manchas de sangre despuésde colgar el teléfono, ¿pasó al otro lado por eso entro la llamada de Sumire? Se suicidó? Enigmático Final
Liliana Hernández ha dicho que…
Myu tenía manchas de sangre cuando la encontraron en la noria, K busca las manchas de sangre despuésde colgar el teléfono, ¿pasó al otro lado por eso entro la llamada de Sumire? Se suicidó? Enigmático Final
Matías N. Andión ha dicho que…
Llegué a este post buscando clarificarme un poco el final y me he encontrado con un análisis puntilloso y profundo. Gracias y felicitaciones por tan buena lectura.
Juliiiii ha dicho que…
Liliana, mil perdones por no haberte contestado, al ver el comentario de Matías lo he visto. Queda la duda, aunque ya no recuerdo bien el final... Matías, muchas gracias a ti por tu comentario
Luis Lozano ha dicho que…
Excelente reseña. Buscaba respuestas y me haz aportado una nueva duda. Tu idea sobre Sumire siendo la narradora final y definitiva es intensa. Tarde un par de años en llegar a tu escrito, gracias.

Entradas populares